El pasado martes, 15 de julio de 2025, el Real Monasterio de San Juan de la Peña volvió a convertirse en escenario de un acontecimiento de gran significado espiritual e histórico: la visita del Santo Cáliz, con motivo del 75º aniversario de la Real Hermandad.
San Juan de la Peña durante 350 años, desde mediados del siglo XI hasta finales del XIV, guardó el Santo Cáliz entre sus muros, en un tiempo en el que la península vivía intensos cambios políticos y religiosos. En 1399, por orden del rey Martín I “El Humano”, fue trasladado a Zaragoza y, posteriormente, en 1437, a Valencia, donde se encuentra hoy en la Capilla del Santo Cáliz de la catedral.
La jornada comenzó temprano, con la concentración de fieles, miembros de la Hermandad, cofradías y representantes de distintas diócesis. Desde el Panteón de Nobles, donde reposan reyes y nobles del medievo aragonés, partió una procesión litúrgica hasta el Altar Mayor. El silencio respetuoso de los asistentes contrastaba con la fuerza del canto coral que acompañaba el avance, marcando un clima de recogimiento.

La Eucaristía fue presidida por el obispo de Jaca, D. Pedro Aguado, y concelebrada por el arzobispo de Zaragoza, D. Carlos Escribano, junto con el abad mitrado del Monasterio de Leyre. Durante la homilía, se recordó cómo el Santo Cáliz ha sido, a lo largo de los siglos, un símbolo que une comunidades y generaciones, uniendo la memoria de la Última Cena con la experiencia de fe de miles de personas.
Uno de los momentos más emotivos de la mañana fue la entrega de una distinción colectiva por parte de José Leto Melero, presidente de la Cofradía del Santo Cáliz de la Cena del Señor (Valencia), a la Real Hermandad de San Juan de la Peña. Este gesto, sencillo pero profundamente simbólico, selló a las dos instituciones, unidas por la historia compartida en torno al Santo Cáliz. Fue el Hermano Mayor, Félix Longás, quien recogió la distinción en nombre de todos los miembros, agradeciendo la confianza y el afecto recibido.
Al finalizar la misa, se abrió un tiempo de veneración. Damas, caballeros, autoridades y fieles pasaron ante la reliquia, muchos visiblemente emocionados.
Por la tarde, las Damas y Caballeros de la Hermandad realizaron turnos de vela junto a la reliquia, manteniendo una presencia discreta y silenciosa. La luz
natural que entraba por los arcos románicos del monasterio daba al momento un tono íntimo, casi atemporal. Al caer la tarde, una breve ceremonia de despedida puso fin a la estancia del Santo Cáliz en el monasterio, antes de iniciar su traslado a la Catedral de Jaca.
Volver a este lugar no solo significó traer de nuevo la reliquia a un escenario histórico, sino también cerrar simbólicamente un círculo que une pasado y presente, fe y patrimonio.
La llegada del Santo Cáliz a Jaca estuvo llena de participación popular. A las puertas de la Catedral de San Pedro, cientos de personas tanto fuera como dentro de la catedral aguardaban para presenciar la entrada de la reliquia.
El recibimiento también contó con la participación de los Danzantes y Bailadores de Santa Orosia y el Grupo Folklórico Alto Aragón, que añadieron ritmo y color a la tarde.
Al día siguiente, 16 de julio, jacetanos y visitantes continuaron con el acercamiento y petición al Santo Cáliz hasta su despedida y regreso a la Catedral de Valencia.